Atchung Baby, U2 1991

En 1990 nadie imaginaba lo que U2 estaban preparando. Habían rumores, se decía que la banda iba a separarse.

Se especulaba con nuevos sonidos de música disco, funk, que estaban grabando un disco que daría un vuelco a un sonido que había encontrado sus propios límites con The Joshua Tree (1987). Pero cuando por fin salió a las tiendas Achtung baby, todo el mundo quedó descolocado.

Era extraño, ¿Música disco? ¿funky futurista? Luego se editó ese primer single, The fly… ¿de verdad que era Bono quién cantaba? ¿dónde estaba la épica religiosa de los cuatro irlandeses de The unforgettable fire (1985) y The Joshua Tree? ¡Esto no es U2!

U2 gira achtung baby

 

Pero mierda, si eran U2. Una banda remozada, repintada, reconstruida, puesta de forma decisiva en manos de los productores-gurús de la modernidad Daniel Lanois y Brian Eno y el ingeniero Flood, siguen siendo en efecto los mismos cuatro proletarios que acudían a misa cada domingo, lo único que ahora saben qué es lo que hay en esto del rock, son más cínicos, habían estado en lo más alto pero con eso no es suficiente, ahora tienen el poder y las ganas de tirar del carro de la música popular ellos mismos. Con Achtung baby la moda serían ellos, U2 impondría las reglas de la música comercial, muchos fans desertarían, pero otros muchos millones más se subirían a su tren en el más emocionante viaje de su carrera. Los U2 de Achtung baby y Zooropa (1993), vanguardistas, tecnológicos, ultra-mediáticos, incómodos, cachondos, misteriosos, espectaculares, rockeros cibernéticos de cuero negro, hicieron jugar al pop en su propio terreno, ostentaron el cetro con todo merecimiento, convencieron al público masivo y al alternativo, y como los Beatles y dos o tres bandas más en la historia de la música del siglo XX, dieron con la ecuación secreta con la que se pueden hacer discos millonarios que además adelanten lo que el mundo escuchará en el futuro.

Achtung baby borró de un plumazo el sonido clásico de U2 y se inmiscuyó en una senda totalmente nueva. La banda y sus productores, reunidos para grabar el disco en Berlín, sabían que los 80 estaban finiquitados, debían huir hacia delante y dar con el sonido que serviría de base para la próxima década. No se conformaron con pequeños retoques aquí y allá, fue una explosión que lo arrasó todo a su paso, dejando tan solo el minimalismo guitarrero de The Edge y la misma épica conceptual de siempre, solo que vista desde una perspectiva totalmente nueva. Zoo Station iniciaba el disco, qué tema más extraño, cuando empecé a escuchar la copia de mi hermano de Achtung baby, siempre pinchaba la aguja en el segundo tema, Even better than the real thing, y me saltaba lo que ahora considero como vanguardia pura y la definición de algunas de las nuevas apuestas sonoras del grupo: moderna suciedad, originales percusiones de Larry Mullen Jr., la guitarra de The Edge dando (en todo el disco) sus últimas muestras de coherencia a la vez que enmaraña su sonido con riffs que suenan a moderno rock urbano más influencias de la música árabe; la extrañeza futuro-autista de Zoo Station no podía estar más lejos de los acordes como bellas gaviotas de Where the streets have no name, que iniciaba el, que me perdonen, ya caduco The Joshua Tree.

The fly y Zoo Station marcaban los nuevos límites de forma radical, eran una burla, un corte de mangas a su antiguo sonido, como los Beatles y el Sgt. Peppers mirando con sorna a la inocencia de Love me do y From me to you. Los mismos U2 habían dado fecha de defunción a su antigua obra, se la habían cargado y la habían puesto en evidencia. Bad, With or without you o New year´s day eran delicias de juventud, cositas bonitas pertenecientes a un mundo más virginal, opuesto al vicio urbano de The fly.
Even better than the real thing, Until the end of the world y Mysterious Ways daban unas pocas facilidades más al oyente, aunque también estaban tocadas por el nuevo sonido del grupo. Si las escuchabas dos veces, ya sabías que eran clásicos instantáneos, canciones perfectas con momentos perfectos: la intro, el solo slide con sabor a Marruecos y los ruegos sexuales de Bono en Even better…, la épica desmedida y religiosa de Until the end of the world (que utilizaría Wim Wenders en el film del mismo título), y la gustosa comercialidad del estribillo de Mysterious ways. Tres hits que van de la mano de otro, One, la balada de baladas que el grupo intentaría repetir infructuosamente en sus siguientes obras en estudio a partir de Pop (1997). Sumadle otros temas menos evidentes: la magia de Acrobat, la despedida íntima y nocturna de Love is blindness… La producción, el nuevo sonido vestía todas las canciones de forma adecuada, pero nada eclipsaba a los cuatro músicos tocando, experimentando con sus instrumentos, dando un giro peligroso a su carrera cuando podrían habérselo ahorrado y seguir dando fáciles alegrías con continuaciones de The Joshua Tree.

Pero el ciclo Achtung baby no quedaba completo sin el cambio de imagen de la banda y una nueva gira que fuera algo que nadie hubiera visto nunca. La imagen empezó con las portadas del disco y los singles, obviando incluso la atrayente imagen de la propia banda. Y Bono, por supuesto, dispuesto a ser el nuevo prestidigitador, el Bowie de los 90, se había rebautizado como The Fly, un tipo vestido de plástico negro brillante, con imposibles gafas de sol, la estrella del rock prepotente definitiva, una burla de sí mismo y de todos los rock stars, el vicio, la farsa y la decadencia del rock n´roll, eso era La Mosca.
A la gira se la llamó Zoo TV. Resumiendo, es la gira más importante de los últimos 25 años, la más revolucionaria, el punto y aparte de la escenificación del rock que no se producía desde las primeras giras mastodónticas de los Rolling Stones y Led Zeppelín. U2 llevaron a los escenarios todo el delirio futurista de Achtung baby, y la misma banda pasó a un segundo plano en favor de un concepto y un discurso crítico e irreverente que se apoyó en los mayores medios tecnológicos con los que había contado un grupo de rock hasta entonces. Ya digo que hablar del Zoo TV tour y de su influencia merece por sí solo otro artículo.

Recordar Achtung baby, lo que significó esta etapa de incontinencia creativa es también una experiencia dura. Mirad a los U2 de 2005, escuchad el alarmante retroceso que representan sus últimos discos, qué desastre, qué pena. Pienso en lo que significaba esta banda en 1992, y veo las colas que irracionalmente se producen a cada anuncio de puesta de venta de entradas para alguno de sus actuales conciertos, y se me quitan las ganas de saber nada de ellos. Ya no son una banda, ni siquiera un circo, son un ente vacuo y sin mensaje al que miles de seres humanos acuden ciegamente sin cuestionarse por qué demonios lo hacen. Si el cabronazo de The Fly, botella de champagne en mano, viera en lo que se ha convertido su banda, se le caerían las gafas del disgusto.

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